Espacios narrativos CYL

Lugares literarios de Castilla y León

El manuscrito de nieve

  • Año: 2010
  • Espacio real: Salamanca
  • Espacio imaginario:

  • Autor
  • García Jambrina, Luis

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  • Textos representativos

    TEXTO 1:

    –Cuando caía la noche, Salamanca se transformaba en una ciudad muy distinta. (11)

    TEXTO 2:

    Ni más ni menos que dos, que, en connivencia con los dos bandos de la nobleza, se tienen bien repartida la ciudad, lo que no quita para que siempre anden a la greña por un quítame allá estas bolsas o un no me ocupes este sitio. (92).

    TEXTO 3:

    –Como sabréis, estamos en pleno territorio del bando de Santo Tomé –le informó, cuando salieron a la calle–, llamado así por la iglesia que se alza justo en medio de la plaza. En torno a ella, fueron construyéndose luego las casas y palacios de las familias más destacadas de esta parcialidad. Esa de ahí es la casa de los Rodríguez de las Varillas. Y, al otro lado de la plaza, haciendo esquina con la calle del Concejo, está el palacio de los Solís. Si os fijáis bien, justo debajo de aquella ventana tan hermosa y tan bien trazada, está el escudo de la familia, un sol radiante sostenido por dos salvajes, o lo que queda de él, pues fue destruido hace varios años por algunos partidarios del bando de San Benito. Según se dice por ahí, los Solís no han querido restaurarlo, para mantener viva la memoria de la afrenta. En cualquier caso, es una prueba más de que el sol de los Solís ya no brilla como solía. (124).

    TEXTO 4:

    Al poco rato, comenzó a nevar. Primero, de una manera mansa y lenta; pero enseguida de forma más tozuda y continuada. Rojas pensó que nevaría de igual modo sobre los justos y sobre los injustos, las víctimas y sus verdugos, los culpables y los inocentes, los pecadores y los santos… Era como si la nieve todo lo igualara y todo lo cubriera con un manto piadoso, con una máscara que embellecía las cosas y las revestía de renovada inocencia, aunque por poco tiempo, pues esa blanca cobertura no tardaría en llenarse de pisadas, de roderas de carros, tal vez de manchas de sangre que ensuciarían la nieve hasta convertirla en oscuros charcos. Una vez más, la nieve venía a demostrar que la belleza y la inocencia eran algo efímero, pero también que la verdad, por mucho que se oculte, acaba siempre aflorando a la superficie. (138).

    TEXTO 5:

    Suelo escribir en la nieve el nombre de todos aquellos que me ofenden o maltratan –explicó–, para indicar lo poco que me importan y la poca mella que hacen en mí sus palabras. [...] Reservo la piedra sólo para aquellos que me han hecho algún bien. El recuerdo de los primeros desaparecerá tan pronto como la nieve se derrita, mientras que el de los segundos permanecerá a lo largo del tiempo. (143-4).

     

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