Espacios narrativos CYL

Lugares literarios de Castilla y León

Ángeles oscuros

  • Año:
  • Espacio real: Veguellina de Órbigo (León)
  • Espacio imaginario:

  • Autor
  • Santiago, Elena


  • Textos representativos

    TEXTO 1:

    [...] hallazgo de ir abriendo la vida. [...] Los vecinos se dejaban ver cada uno en su historia. Las recogíamos extasiados, cómplices de una realidad que visitábamos y guardábamos como el origen de toda existencia. (32).

    TEXTO 2:

    Caíamos entre la grama, la menta y las plantas de flores que nos servían de jabón. El Órbigo recogía presencias como el espejo de la escalera. (10).

    TEXTO 3:

    Ramajes blancos de escarcha o ennegrecidos de humedad entumida, inclinados, la cabeza bien baja hacia la corriente helada [...] El lugar y los ruidos, estaban parados. (10).

    TEXTO 4:

    Contemplábamos, los huidos del recreo, aquel inesperado paisaje, los álamos lamidos de un ahogo, el espadañal desaparecido, los caminos jugando a río, los matorrales desfallecidos. (29).

    TEXTO 5:

    En aquel mundo todavía agotado, esquilmado decía Balbino en el río “porque las batallas que no eran películas hundían el mundo”, en aquel mundo agotado tuvimos una infancia iluminada contra cualquier abatimiento o designio contrario. (140).

    TEXTO 6:

    Volví a la calle. Y supe que nada me iba a acoger. El pueblo era un hueco con el ritmo perdido. De espaldas la vida, en la muerte pequeña. (54).

    TEXTO 7:

    Juegos en el puente, ojos de puente que nos sostenían como legañas, llegó a decir uno de nosotros. Ojos con humo, que allí aprendimos a fumar casi todos, salvaguardados en aquel desconocido destino a cualquier vigilancia. Y aprendimos a sentir la libertad de aquella escapada al celo y atención que regía la casa. La libertad en el puente, hundidos en sus ojos huecos. O, en el tejado, al que ascendíamos como gatos revueltos y embriagados, absueltos de normas de comportamiento. Desvinculados de obediencias, perdido el destino de abajo y sabiendo desde allí que se podía llegar a ser dueño del mundo. (19).

    TEXTO 8:

    Sabíamos que emergían dichas presencias, derramadas o paseando, espectrales pero inocentes en la penumbra, atesorando generaciones. Niños de otras infancias. Niños y adultos se habían ido asomando en aquel mismo espejo. Hoy eran fotografía o recuerdo en la inmovilidad de su tiempo. Estaban cargando un pasmo o un vértigo, desposeídos de forma real, en el pasillo y en la escalera, conformados en ángeles oscuros. Fue naciéndonos a los niños de la casa la sospecha de que, además de los ángeles oscuros que eran presencia del pasado, se alojaban por el mundo otros ángeles oscuros. Los desaparecidos o muertos en la guerra, los escondidos en el miedo o en la vida. Y más ángeles, los inventados. Aquellos mendigos conocidos, amigos de la casa, que cada verano llamaban a nuestra puerta. Yo presentía que, disfrazadas sus alas divinas con ropas arruinadas, llegaban a observar nuestros comportamientos (8).

    TEXTO 9:

    Escuchábamos, en el escalón de penumbra, el pulso del silencio. Subían y bajaban, por la escalera abarrotada, los vivos y los muertos. (12).

    TEXTO 10:

    Desde la puerta entreabierta íbamos pasando a una estrecha escalera, las gallinas picoteándola, huyendo asustadas a nuestra llegada [...] De las vigas gruesas colgaba el miedo [...] Cada escalón, boca abierta. (33-4).

    TEXTO 11:

    Lo había aprendido desde que empezó a dar besos a la pared que la separaba de aquel hombre cuyo nombre no repetía. (17).

    TEXTO 12:

    Me quedé contra la pared, cerca de la puerta que era su salida y su entrada (todo, el niño, lo había perdido). El llamador de su casa, como un lagrimón dorado, mudo hoy, contra la puerta entreabierta entre el dolor y la calle de cada día. (54).

    TEXTO 13:

    Poblado de aquella imagen que se multiplica ante él y dentro, colgada de la mirada y de los hombros, hundiéndolo en sí mismo, en el suelo de madera de la casa. (23).

    TEXTO 14:

    La teja de cristal, una en todo el tejado, era aquel misterio que fuimos mostrando, a lo largo de la vida, a cuantos llegaban por primera vez a casa. Fijaba un reflejo, como un acento de luz en el tejado, esotérico secreto que sorprendía invariablemente. (20).

    TEXTO 15:

    Se lo contaría a Martina que barría el sol en la cocina, luz a raudales desde la ventana abierta. Al finalizar entornaría las contraventanas sombreando el suelo recién fregado, de una humedad reluciente. (25).

    TEXTO 16:

    [...] el mundo era mi casa y una realidad que no abandonaría. (117).

    TEXTO 17:

    La casa. La casa.
    El pasillo y las escaleras eran lugares de encuentro con las sombras entumidas, los silencios y los pensamientos arruinados por el miedo. Murmuraban los recuerdos, y como sueños temblones se escondían en el armario grande de la habitación del fondo. Su espejo inmenso se atragantaba engullendo los muebles y objetos de la estancia al abrirlo sobre un gemido de madera (24).

    TEXTO 18:

    El verano lograba alojarnos en un paréntesis que, como nuestros vestidos, era holgado y claro. Los pasos en calzado de esparto y en una libertad a la que jamás estorbó ningún enemigo. Abierta sin temor a cuanto significaba vivir, que los miedos iban llegando por otros caminos extraños. Éramos dueños de la calle y de las casas del pueblo, de los huertos en los que se dormía al sol, en el que nos tendíamos a ser sombra en la sombra detenida. Las tapias y los rincones, conformando una sensación cálida que nos adormecía, entre coles y dalias, bajo los manzanos o el nogal, sucumbiendo a una especie de letargo, a un sopor dulce que nos salvaba de cualquier hora torcida. De un universo por descubrir, que nos inquietaba un poco. (9).

    TEXTO 19:

    Mora un extraño mundo desposeído. Espacio por el que no acaba de entrar un amanecer [...] Mateo titubeaba en tanta oscuridad, ¿pisaba el camino o pisaba su propia soledad? (40-41).

    TEXTO 20:

    A mamá le gustaban los pájaros, y caía en un recuerdo de acantilados y gaviotas. Andaba una Galicia fascinada de paisajes, de realidad persuadida en su cabeza. Montes de eucaliptos y castaños, enriquecida de una naturaleza de verdes brillantes, urces y espinos, paisaje llovido. La nostalgia le dejaba cerca un frío. Más frío que el del invierno hincando sus dientes adiestrados en aquel pueblo (50).

    TEXTO 21:

    El jardín, al sol o umbrío, era el lugar en el que el tiempo reposaba en sombras de lilas, sombra de enredaderas. La glicina en racimos azules o la de largas ramas y apiñados capullos en un llamativo naranja. Una parra cubriendo los bancos de madera, descansada sobre horcones, descolgaba uvas como canicas doradas. (21).

    TEXTO 22:

    Navegábamos todos en aquel mismo barco que era el pueblo, en un mar que nos sostenía y amparaba a todos. Aunque siempre había algún ahogado. (156).

     

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